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9/20/2009

Las rabietas infantiles... o cómo comprender lo incomprensible



LAS RABIETAS INFANTILES… O CÓMO COMPRENDER LO INCOMPRENSIBLE
Por Nuria Otero Tomera

Todos hemos oído hablar de las rabietas. Hablamos de ellas con total normalidad, como algo completamente integrado en nuestro día a día, y los que somos padres nos preguntamos unos a otros con naturalidad “¿tu hijo ya ha empezado con las rabietas?” como cuando preguntamos si les han salido los dientes o si ya sabe ir en bicicleta.

Ahora bien… ¿qué es una rabieta? Rabieta viene de rabia… para mí una rabieta es una demostración explícita y explosiva (con rabia, con ira) de un malestar, de un desacuerdo, sea éste importante o no a ojos de quien contempla el cuadro. Y rabietas las tenemos todos, niños y adultos. Lo que ocurre es que a medida que nos vamos haciendo mayores vamos aprendiendo a canalizar la rabia y los enfados, vamos comprendiendo más nuestro entorno y el por qué a veces las cosas no son como esperamos, y sobre todo… aprendemos a no demostrar muchas de las cosas que sentimos porque parece ser que no está bien visto.

Pero ¿cuándo se produce una rabieta y por qué? Es una rabieta esa escena en una tienda de un niño gritándonos enfadado que quiere ese juguete, lo quiere, lo quiere y lo quiere; o el otro que se tira al suelo porque no quiere irse del parque; o la niña que da patadas al aire mientras grita “No te quiero”; o la que tira al suelo a manotazos un puzzle a medio montar. Pero también tiene una rabieta ese adulto que pega un puñetazo en la mesa mientras habla con el asesor técnico de su compañía telefónica, o el conductor que le grita y le da bocinazos al de delante porque no va más rápido. En realidad, se producen las rabietas fundamentalmente cuando nuestro enfado o nuestro malestar no encuentra una salida lógica. Cuando nos quedamos sin argumentos, cuando nuestra rabia es tan grande que sólo nos queda abrir la válvula de escape. En los adultos pasa menos porque, como ya he dicho, somos capaces de comprender mejor las cosas que van pasando a nuestro alrededor, de otorgarles una explicación y tenemos mayor capacidad de espera. Pero en los niños no ocurren estas cosas, y aun en el caso de que comprendan, de que entiendan que tienen que esperar, que hay que ir a casa porque hay que cenar, que se den cuenta de que el puzzle no tiene la culpa de que ellos no encuentren la pieza correcta, aun en esos casos, los niños no saben “aguantarse” la rabia. La rabieta es la expresión de sus sentimientos, de la frustración que están sintiendo en ese momento porque no pueden obtener aquello que desean… y es legítimo que lo expresen. No podemos pretender que, además de amoldarse a nuestras necesidades, ritmos y tiempos, además de intentar aprehender conceptos como el tiempo y la generosidad, se queden callados, tendremos que aceptar que lo único que les queda, en muchas ocasiones, es “el derecho al pataleo”, en su más gráfica acepción.

En general, coincido con Aletha Solter en que la mayor parte de las situaciones que prov
ocan esas rabietas en nuestros hijos se pueden agrupar en tres tipos:

El niño tiene una necesidad básica (hambre, sed, sueño…) que o bien no estamos viendo o bien, aunque la veamos, no podemos satisfacer en este momento. Imaginemos a un niño de 3 años con hambre, en coche, camino a casa y en un atasco… aunque sepamos que tiene hambre y lo comprendamos, probablemente no podamos solucionar el problema; lo más habitual será una rabieta por parte del niño… ¿qué haremos? ¿reñirle por tener hambre? ¿reñirle porque llora? ¿gritarle?… nada de lo que hagamos le saciará el hambre).
El niño tiene información insuficiente o equivocada de la situación en la que nos encontramos. O bien pensaba que íbamos a quedarnos más rato en el parque, o no comprende por qué hoy, precisamente hoy, tenemos prisa en el súper con lo mucho que le gusta a él jugar en el carrito, o quizás él quería comprar cereales y nosotros sólo hemos entrado a por detergente. Pararnos a escuchar qué es lo que quiere o necesita (quizás sea cierto que se han acabado los cereales), así como explicarle con antelación que hoy vamos corriendo porque tenemos médico, o peluquería, o enseñarle un reloj y explicarle a qué hora dejaremos el parque puede ahorrarnos un mal rato a los dos.
El niño necesita descargar o liberar tensiones, miedos o frustraciones presentes o pasadas. Muchas veces los niños “aprovechan” cualquier mínimo detalle para entrar en una rabieta. Puede ser que estén enfadados o angustiados por cualquier otra cosa y la situación actual sólo sirva de detonante. Tal vez algo que ocurrió en la escuela, donde no se siente tan seguro como en casa, no sale hasta que está con nosotros, en confianza absoluta. En este caso, al igual que en los anteriores, cortar la expresión de rabia no va a hacer más que aumentar el malestar y dilatar en el tiempo la descarga.
Así, desde este punto de vista, no encuentro demasiadas situaciones “enrabietadas” que me parezcan dignas de reproche. Son, sencillamente, señales de alarma. Oportunidades. Para nosotros. Para intentar comprender qué nos está pidiendo nuestro hijo. Para saber si necesita algo de nosotros, tal vez algo material, pero quizás sólo una explicación para que el mundo tenga un poco más de sentido. Quizás, tal vez, sólo un poco más de tiempo con nosotros, o de tiempo a secas.

Así que, ante la pregunta de qué hacer cuando un niño tiene una rabieta, mi respuesta suele ser: nada. Es decir, comprender que es una demostración de lo que está sintiendo, y que por mucho que hagamos, no va a dejar de sentir. Podemos ignorarlo, reñirle, gritarle o castigarlo, y probablemente consigamos que no tenga rabietas, o que las tenga menos frecuentemente, o que las tenga menos vehementes, pero no conseguiremos que deje de sentirse mal por lo que está ocurriendo. Y conseguiremos, además, que se sienta culpable por sentirlo, cuando es absolutamente razonable que a veces se sienta disgustado. Así, ante un episodio como los que he descrito anteriormente, o cualquier otro similar, lo mejor que podemos hacer es esperar que pase, hablar con nuestro hijo si nos deja, decirle que entendemos que se siente mal por esta o aquélla razón, dar alternativas si existen, cogerle en brazos o sentarnos a su altura y aceptar el dolor que nos está mostrando. Al fin y al cabo, está siendo absolutamente sincero con nosotros, nos está confiando sus sentimientos y sus emociones, y no podemos hacer menos que aceptarlos. Ponernos de su parte, sufrir con ellos la frustración, ser realmente sus cómplices en un momento amargo será la mejor manera de que vayan comprendiendo el mundo, y lo harán con confianza plena en nosotros, que creceremos también si aprovechamos la oportunidad para profundizar en la comunicación con nuestros hijos.

(Artículo publicado en el nº 1 de la revista “CRIAR“)

¿Podría ser cierto que algunas mujeres tengan partos orgásmicos?


¿Podría ser cierto que algunas mujeres tengan partos orgásmicos?


Un documental recoge experiencias de madres que han sentido placer en vez de dolor
La presión de la cabeza del bebé sobre la vagina, podría explicar el fenómeno

Imagen del documental.

LONDRES.- Amber Hartnell en ningún momento había pretendido tener un parto orgásmico. Simplemente, le sucedió. "Sencillamente, logré alcanzar ese estado de éxtasis en el que se suceden esos picos orgásmicos. Eran como oleadas arrolladoras que iban penetrando hasta lo más profundo de mí mientras yo reía y gritaba. No me sentía como si estuviera teniendo contracciones. Eran, más bien, como una especie de arrebatos. Y, de hecho, no experimenté dolor, sino sensaciones verdaderamente intensas".

Para la mayoría de las mujeres que han dado a luz -y, también, para la mayoría de los hombres que lo han presenciado- tales "sensaciones" no son otra cosa que un eufemismo de dolor: la mayoría de ellas no ha experimentado durante el parto nada que pudiera parecerse mínimamente a un orgasmo.

Pero Amber Hartnell afirma que eso fue lo que le ocurrió a ella mientras daba a luz a su hijo Orus, un niño que tiene ya tres años y medio. El parto de Amber fue natural, en una bañera especial para parturientas que tenía en su casa y duró 12 horas. Tales "arrebatos orgásmicos" se le estuvieron produciendo durante dos tercios, aproximadamente, de dicho tiempo y hasta el final del proceso.

"Desde luego, fue el placer más extraordinario y avasallador que haya podido experimentar en mi vida", comenta Amber Hartnell. "Fue algo así como si una suerte de flujo energético hubiera recorrido todo mi interior". Además, asegura que no tuvo que prepararse demasiado antes de dar a luz.

"Habitualmente, hago yoga para mantener mi cuerpo flexible y he practicado la meditación. Pero únicamente había leído un libro sobre partos, porque no quería llenarme la cabeza de información. Lo que quería, en realidad, no era otra cosa que abrirme al proceso".


Ahora, aquella experiencia suya se ha convertido en un acontecimiento global. Amber Hartnell, de 29 años de edad, un ama de casa que vive en la isla de Kauai, en Hawai, aparece en un documental titulado 'Parto Orgásmico', que se ha emitido en EEUU, y que se está proyectando en numerosos eventos especiales en todo el mundo.

El propio marido de Amber Hartnell la había filmado mientras ella estaba dando a luz y ambos se mostraron de acuerdo en permitir que el director del mencionado documental utilizara las imágenes.

La reacción de los espectadores
La respuesta del público ante el documental ha sido tanto de fascinación como de horror. Para muchas mujeres, la idea de que el hecho de dar a luz a un hijo pueda ser una experiencia de carácter orgásmico resulta algo demasiado extravagante y hasta ofensivo.

Una bloggera que se encuentra en un estado de gestación muy avanzado, escribe que "puede entender el dolor como algo natural en el proceso de dar a luz, así como hacer que el cuerpo lo supere, transformándolo en lo más agradable. ¿Pero orgásmico? No. En mi opinión, quien lo encuentre orgásmico necesita ayuda".

Amber Hartnell, sin embargo, afirma recibir cientos de mensajes de entusiastas seguidoras suyas, incluyendo entre ellos los de varias mujeres embarazadas que cambiaron sus planes para el parto a raíz de haber visto la película.

El título del documental es, de hecho, equívoco. Mientras que se entrevista a varias mujeres que aseguran haber tenido un orgasmo durante el parto, la película trata de los denominados nacimientos serenos, es decir, partos naturales en un ambiente del propio hogar, sin hacer uso de ninguna clase de medicamentos.

Únicamente en un entorno como éste, unas cuantas mujeres han sido capaces de alcanzar el orgasmo en el curso del parto, según afirma Marsden Wagner, ex director de Salud Infantil y de Mujer de la Organización Mundial de la Salud. "Es preciso que todo sea igual que cuando se hace el amor", asegura este médico en el documental. "Ha de ser un proceso tranquilo, seguro e ininterrumpido".

Partos naturales
En el documental aparece también May Gaskin, la más famosa activista a favor del parto natural en EEUU, cuyo libro Comadrona Espiritual es la biblia sobre partos para madres modernas. Defensora del 'nacimiento extático' -un parto agradable y sin medicamentos-, May Gaskin hizo una encuesta a 151 mujeres, de las que 32 afirmaron haber tenido un parto orgásmico. May asegura que un nacimiento extático es "el momento cumbre más natural del que haya oído hablar, donde la mujer descubre realmente su cuerpo".

"La presión que ejerce la cabeza del bebé sobre las paredes de la vagina, así como la apertura y dilatación de los tejidos mientras la cabeza del niño desciende, proporciona a algunas mujeres una inesperada sensación de excitación sexual, incluso de éxtasis", añade.

Debra Pascali-Bonaro, la productora de la película, una educadora prenatal, asegura que esa capacidad de la mujer para sentir un placer físico de gran intensidad durante el parto es 'el secreto mejor guardado'. Tan bien guardado que muchas argumentan que tal fenómeno no existe. Por tanto, el debate es sobre si lo que han experimentado esas mujeres ha sido un verdadero clímax sexual o, simplemente, lo que han sentido no ha sido sino una especie de respuesta sadomasoquista, confundiendo el dolor intenso con el placer.

¿Criar sin límites?

¿CRIAR SIN LÍMITES?
Por Susana Prieto Mori

“Los niños necesitan límites.” ¿Cuántas veces hemos escuchado esta frase? Tantas que va camino de convertirse en un clásico de la pedagogía popular, como “eso no se hace” o “hay que compartir”. Pero si algo tienen en común esos clásicos es que se tiene fe absoluta en ellos y aun así se dicen sin pensar, se dan por hecho sin someterlos a juicio, se usan sin saber qué significan. Son las cosas que son así, y punto. Se puede criar y educar con ellos sin tener que hacer el menor esfuerzo de reflexión ni de revisión de planteamientos. Son útiles. Son el camino fácil.

Pero, por una vez, demos un paseo por el otro camino, el de pensar. Cuando decimos que los niños necesitan límites, ¿sabemos qué queremos decir con eso? ¿Sabemos d
e qué hablamos cuando hablamos de límites?

El Diccionario de la Lengua Española de la R.A.E. define límite como, entre otras cosas, extremo que pueden alcanzar lo físico y lo anímico. Los límites son lo que en modo alguno se puede sobrepasar, el punto en el que resulta imposible ir más allá. Parece, pues, que al decir que los niños necesitan límites estuviéramos olvidando que todos tenemos límites y que eso no depende de que nadie nos los ponga. Simplemente los tenemos, lo queramos o no. El ser humano nace con los límites inherentes a su propia especie: necesita contacto, aire y alimento, y realizar determinadas funciones corporales para sobrevivir. Otros límites proceden de su entorno físico: está sometido a la ley de la gravedad, por ejemplo. A lo largo de su vida va acumulando límites como consecuencia de sus propias experiencias y traumas (miedos, fobias…), o de posibles enfermedades o malformaciones o accidentes, de las barreras arquitectónicas, etc. Todos, niños y adultos, tenemos además límites personales: el límite de nuestra paciencia, de nuestra resistencia física, de nuestra ética, de nuestro pudor… Todo ser humano, todo ser vivo en realidad, tiene límites que forman parte de su ser y los necesita para relacionarse con el mundo, para dar forma concreta a su existencia y dotarla de una realidad tangible, para recibir la influencia de su entorno y viceversa. Un ser humano sin límites físicos no existiría, un ser humano sin límites morales enloquecería. Los límites son parte de nosotros.

Pero no es eso
lo que queremos decir con que los niños necesitan límites. Más bien hablamos de limitaciones. Nos dice el diccionario que limitar es fijar la extensión que pueden tener la autoridad o los derechos y facultades de alguien. Pues si los niños necesitan limitaciones ya las tienen, y de sobra. Los niños actualmente, en nuestra sociedad occidental, son las personas más limitadas del mundo. Dudo mucho que haya nadie que cargue con más limitaciones que ellos, tal vez sólo las mujeres en algunas culturas. Es cierto que los niños lo tienen todo ahora, todas las comodidades, todas sus necesidades materiales y de ocio cubiertas, todos sus derechos protegidos, pero no tienen la menor libertad. Los niños no pueden decidir: no deciden dónde quieren vivir, ni cómo, ni qué tipo de educación recibir, ni a qué colegio acudir, en la mayoría de los casos no deciden qué ropa ponerse ni qué comer, no deciden sus horarios, no pueden ir a ninguna parte sin ser acompañados y vigilados. Es necesario por su seguridad, tal vez, dejaremos ese debate al margen de momento. Pero aun en ése caso, ello no quita que reconozcamos su situación de extraordinaria limitación.

¿Qué nos hace entonces repetir una y otra vez que los niños necesitan límites?

Me inclino a pensar que lo que queremos decir es sencillamente que los niños han de aprender a ser respetuosos con los demás y a cumplir las normas de convivencia, y que han de conocer, comprender y aceptar las consecuencias de sus actos.

Y en eso estamos todos de acuerdo. Sin embargo, las familias que criamos a nuestros hijos con apego encontramos muchas veces miradas de reprobación, cuando no críticas directas, por no “ponerles límites”. Nos quieren decir con esto: por dejarlos decidir. Por darles libertad, o mejor dicho, por no quitarles la libertad de seguir sus deseos.

El debate es de orden moral, o filosófico: ¿qué es para mí el ser humano? Es un antiguo dilema: ¿Hobbes o Rousseau? ¿Es el hombre un lobo para el hombre, o es bueno por naturaleza pero la sociedad y la educación lo pervierten? Si creemos, si insistimos tanto en que el niño necesita límites ha de ser porque pensamos que el ser humano tiende de forma natural a la maldad, y que no se puede ser bueno ni tener un comportamiento adecuado si no es a base de restricción, represión, negación. Hacer lo que uno quiera está mal porque sí y por principio. No se puede dejar al niño hacer lo que quiera porque lo que quiera será necesariamente malo. En esto se basa el sistema patriarcal adictivo, que castiga el deseo y premia la obediencia, en la amargura inconsciente de nuestra propia auto-represión que nos hace intolerable ver como otro sigue su deseo sin límites, precisamente, como otro tiene lo que hemos perdido nosotros.

Y esto es, precisamente, lo que la crianza con apego contradice y desafía. Porque al criar de esta forma a nuestros hijos estamos creyendo en su bondad innata y natural, de forma que tal vez ellos acaben confiando en ella también, en la suya propia y en la de los demás.

A menudo identificamos límites con normas, y falta de límites con falta de atención y cuidado, con negligencia. Hemos oído decir que el niño necesita los límites y normas como marco referencial. A menudo en el caso de niños abandonados o maltratados nos dicen los expertos que ellos mismos los piden porque los necesitan. No nos cabe duda de que los niños física o afectivamente abandonados agradezcan que un adulto los tenga en cuenta lo suficiente como para imponerles un límite, o una norma, y que le importe si se atienen a él o si la cumplen. En estados graves de abandono emocional puede ser que el niño no sepa que nos importa, luego que importa como ser humano, si no es porque nos importa que cumpla la norma o respete al límite, y que nos importa lo suficiente como para imponerle consecuencias. Pero no son la norma ni el límite lo que les da seguridad y confianza, es la atención prestada, es el simple hecho de tenerlos en cuenta, de merecer ese tiempo dedicado.

No confundamos: criar con apego no es criar sin normas, ni sin límites, si así los entendemos. Es enseñar a entender y respetar las normas pero, ante todo, a entendernos y respetarnos a nosotros mismos y a los demás. Es no poner la norma por delante del niño, no dar nunca más valor a la norma que al niño. No creer que el niño aprenda a ser respetuoso a base de cumplir las normas de forma automática y porque sí, sino que él mismo las cumplirá cuando por sí mismo comprenda que los demás merecen el mismo respeto que le hemos otorgado a él a lo largo de toda su vida. Es concebir las normas como herramientas para facilitar nuestras relaciones con los demás, nuestra vida en sociedad, y no como medios para hacer entender a nuestros hijos que nos importan. Es ayudar al niño a saber que existen normas, a conocerlas y a comprender el sentido que tienen: que no es la norma la que tiene valor por sí misma, sino el compromiso que todos adquirimos de cumplirla y la confianza que por eso depositamos en ella. Es no poner el acento en los límites, sino ayudar al niño a que construya los suyos propios y reconozca y respete los nuestros. Es no convertir la crianza en una guerra de voluntades. Es distinguir las verdaderas consecuencias de nuestros actos del premio y el castigo arbitrariamente impuestos de manera artificial. No es no poner normas: es no supeditar la empatía, la comprensión y la aceptación del otro al cumplimiento de la norma, y exigir siempre primero que la norma respete a la persona.

(Artículo publicado en el nº 1 de la revista “CRIAR“)

Un estudio afirma que la lactancia mejora las calificaciones estudiantiles

Un estudio afirma que la lactancia mejora las calificaciones estudiantiles
martes, 16 de junio, 02.17


Washington, 15 jun (EFE).- Los bebés que reciben leche materna en sus primeros meses generalmente tienen mejores notas que los que se alimentan con biberón, aseguró un estudio publicado hoy por la revista Journal of Human Capital.


Su mejor rendimiento escolar básico también se traduce en mayores posibilidades de buenas calificaciones en los estudios secundarios y en la universidad, agregó.
El estudio, realizado por profesores de la Universidad Americana y de la Universidad de Colorado, analizó el rendimiento de 126 niños que fueron amamantados con un número similar alimentado solo con biberón.


Según los científicos, la investigación determinó que por un mes de lactancia esos niños registraron un mejor rendimiento medio en la escuela secundaria de 0,019 puntos.
Por otra parte, las probabilidades de lograr el ingreso a la universidad aumentaron también en una media de 0,014 puntos.


"Los resultados de nuestro estudio sugieren que los beneficios intelectuales y de salud (de la lactancia) pueden tener como resultado beneficios educacionales de largo plazo para los niños", señaló Joseph Sabia, de la Universidad Americana y uno de los autores de la investigación.

Depresión post parto


Depresión post parto


vie jun 19 09:23

Pensaríamos que la llegada de un bebé es una inyección de felicidad y dicha pura, pero no siempre sucede así. Hay casos en los que ni esa pequeña criatura puede sacar a una madre de la depresión en la que de repente se ve hundida. ¿Qué ha pasado?
Se sabe que una de cada diez mujeres la sufrirá al menos en
uno de sus partos. No tiene que ver con el amor hacia su bebé sino cómo se siente la madre después de que éste haya nacido. La invaden sentimientos de angustia y miedo, siente rechazo hacia el bebé y después remordimiento. Una profunda tristeza es a veces el único síntoma.
Un hijo, en la gran mayoría de los casos, es un suceso lleno de felicidad y esperanza. Y aunque en ocasiones podría ser parte de un evento no deseado, esa no es la razón de la llamada depresión post parto. Incluso mujeres que durante los nueve meses de espera y cuidados estaban ilusionadas y con grandes expectativas, que paren un bebé sano y sin inconvenientes, pueden sentirse tan tristes que no saben cómo comportarse con él.
Existe el llamado “
maternity blues”, que es parte del desajuste hormonal y la toma de conciencia ante la nueva situación. Se puede sentir tristeza, miedo o fatiga. Estar incómoda con los cambios que sufre el cuerpo. Todo eso durará pocos días.
En cambio, en la depresión post parto los síntomas más frecuentes son: una gran tristeza la mayor parte del tiempo, ansiedad o irritabilidad excesivas. Indiferencia y falta de interés hacia la pareja. Le asusta quedarse sola con el bebé.
Alteraciones del sueño. Sentimientos encontrados y remordimientos. Si no es atendida a tiempo y con responsabilidad puede prolongarse durante meses e incluso ser el desencadenante de una crisis familiar o de pareja.
Aunque existen muchos estudios al respecto, los resultados aún no son concluyentes. De acuerdo con algunos especialistas hay factores predominantes que detectados a tiempo pueden ayudar a prevenir el problema en algunos casos.
1. Antecedentes de depresión o ansiedad por parte de la madre o de algún familiar.
2. Expectativas irreales o inmaduras respecto al bebé y su nacimiento.
3. Una relación de pareja inestable.
4. Consumo de drogas o alcohol.
5.
Acontecimientos adversos como pérdida de algún ser amado, problemas económicos, accidentes.
Desafortunadamente hay mujeres que pueden sufrirla sin que exista razón aparente. Y es aquí donde una gran fuerza de voluntad, mucho apoyo por parte de la pareja y la familia, y la ayuda profesional serán determinantes. Muchas mujeres la han sufrido en silencio y es totalmente injusto para ellas y para el bebé, quien merece toda la atención y el amor desde el primer día de su nacimiento.
Por Reyna Arenas

7/24/2009

¿Ser o tener?

¿SER o TENER?
Para los hijos que vendrán o los que ya han venido sin que supiéramos hacerles llegar la voz de nuestro compromiso.

Quiero tener un hijo
¿Ser o tener?
Escojo ser
Quiero ser padre/madre

Todo lo que tengo puede desaparecer en un instante y todo lo que no tengo aparecer en cualquier momento.
Pero lo que soy, soy. padre/madre es un aspecto de mi que quiero ahora experimentar.
Así me abro a nueva experiencia, a descubrirme y a gozarme en una forma que nunca antes he tomado. Necesito entonces, por encima de todo, permitirme ser.
Necesito permitir que mi Ser se muestre en todo lo que pienso, digo y hago. Lo que significa que aquí empiezo, o quizás retomo, mi viaje hacia la Libertad.
Ofreceré al hijo que engendre una madre/padre libre, o quizás una madre/padre caminante en busca de la Libertad.
En cualquier caso, puede estar seguro que recorreremos juntos el camino.


Autora: Tere Puig

10/21/2008

EL CONTACTO FÍSICO Y EL SUEÑO FAMILIAR

EL CONTACTO FÍSICO Y EL SUEÑO FAMILIAR



Por Edurne Estévez

Desde el punto de vista antropológico, podemos decir que el colecho (dormir en el mismo lecho padres e hijos) es algo normal y natural, parte de nuestra herencia genética. ¿Qué hubiese pasado si en la prehistoria los bebés fuesen apartados para dormir lejos de sus madres, solos? Posiblemente hubiesen sido pasto de los depredadores, o bien podrían haber fallecido sencillamente, de hipotermia. Pero este escrito no va a abundar en temas de esta índole, que todos conocemos o hemos oído ya alguna vez.

Muchas veces hemos oído hablar de la importancia del contacto físico en la infancia: llevar a nuestro bebé en brazos, el masaje infantil, tocarles, abrazarles, acariciarles… Hay otro momento en el que el contacto físico cobra gran importancia, y que en muchas ocasiones no es tenido en cuenta.
¿Qué es lo que hace importante el contacto con nuestros hijos e hijas durante el sueño? Pudiera parecer en un principio que el sueño no es más que un momento de descanso, donde desconectar de todo y abandonarse hasta la mañana siguiente.

Sin embargo el dormir junto a nuestros hijos nos ofrece un amplio abanico de beneficios tanto físicos como emocionales, y tanto a los padres como a los bebés y niños. El hacer del descanso nocturno una experiencia familiar indudablemente nos acerca como individuos, nos ayuda a reconocer las necesidades de nuestros pequeños más prontamente y con más eficacia. Y para ellos, el saber y sentir que sus padres, sus personas de referencia, se encuentran allí cercanos y accesibles, es un factor que contribuye a su propia seguridad, estableciendo la confianza de que sus necesidades se verán satisfechas cuando sea preciso. El sentirse contenido, acompañado, acariciado, sentir el calor y el olor del cuerpo de los padres, el ritmo de su respiración… son sensaciones familiares y cercanas para el niño, que gracias a ellas puede continuar con su descanso de manera segura y confiada.

Es necesario tener en cuenta que dado que el sueño es un proceso evolutivo, y los despertares nocturnos habituales y naturales, no vamos a esperar que nuestro pequeño se despierte menos… pero sí que lo haga de manera más tranquila, vuelva a dormirse antes, y con menos angustia que si se despertara y se encontrara a oscuras, solo y en silencio. Los sonidos y olores corporales del padre y de la madre, su calor, son su mundo, su referencia, su lugar seguro. Por eso entre un ciclo de sueño y otro, el sentir esa cercanía le ayuda a conciliar el sueño de nuevo en la confianza de que ellos están ahí, siguen ahí.



Los padres que duermen con sus hijos encuentran esta experiencia gratificante desde muchos puntos de vista. El calor del cuerpo de la madre, el olor de su cuerpo, de su leche mientras se está en período de lactancia, el sentir su cercanía, es esencial para el buen descanso del niño. Para los padres, la comodidad de poder atender sus despertares sin salir del dormitorio familiar, y tener la seguridad de que van a despertar enseguida ante sus demandas, produce una sensación de tranquilidad a tener muy en cuenta.

Estando en otra habitación, la madre o el padre deberían primero escuchar al bebé que se despierta, con lo que en muchas ocasiones cuando eso ocurre, el pequeño está totalmente despejado y angustiado por la falta de la persona de referencia. Ir a la otra habitación, sacar al niño de su cuna, ponerlo al pecho o mecerle hasta que vuelve a dormirse, volver a colocarle con cuidado en su camita, y rogar que no vuelva a despertarse… cosa que con frecuencia vuelve a ocurrir momentos después, ya que ese niño no tiene la seguridad de que va a ser atendido con prontitud, y no desea quedarse solo. Estas rutinas, repetidas durante muchas noches, son las que en ocasiones convencen a los padres de que sus hijos tienen algo así como problemas de sueño.

Por el lado contrario, encontramos el colecho. Cuando el bebé o el niño se despierta, tiene a su madre o padre cerca. Puede ser atendido, tranquilizado y amamantado sin tener que moverse de la cama, sin cambiar de lugar, la mayoría de las veces con tal inmediatez que ni unos ni otros llegan a despertarse completamente. Muchas madres no saben cuántas veces se despierta su hijo por la noche, por esta misma razón. No ha de despejarse para oírle o notarle inquieto, no ha de levantarse de la cama para amamantarle, por ejemplo. Y a la hora del descanso familiar esto es muy importante, la calidad y cantidad de sueño de ambos padres y del niño se ve mejorada sensiblemente. Los ritmos respiratorios se acompañan, e incluso se ha investigado acerca si de los mismo micro despertares que se producen debido al contacto con los padres durante el sueño inciden en un menor índice de muerte súbita del lactante.

También en el caso de madres y padres que trabajan fuera de casa, el contacto con sus hijos durante el descanso nocturno es recuperar ese tiempo perdido, esas caricias que las ocupaciones laborales nos arrebatan en ocasiones. La lactancia se ve favorecida, aprovechando los picos de prolactina que se producen durante la noche, y que son aprovechados por el niño para ajustar la producción materna. Y esa “barra libre” se aprovecha hasta el máximo, estando la leche nocturna más cargada de tripófano, que ayuda precisamente a conciliar el sueño.


En otro orden de cosas, el sentir el calor del cuerpecito de nuestros hijos, el olor de su pelo, su sonrisa al despertar… todas esas sensaciones son un regalo para los padres, que día tras día sienten cómo se va estrechando el vínculo que los une a sus pequeños.

El colecho ha de practicarse siguiendo unas medidas básicas de seguridad, pero una vez solventados esos pequeños momentos de organización del sueño familiar… ¿qué mejor regalo puede haber que sentirse cerca unos de otros, sentirse seguros y acompañados? Los juegos matutinos, la sonrisa de nuestros hijos cuando abren los ojos, la sensación de aprovechar el tiempo al máximo con ellos, de bebernos todos los instantes que pasamos juntos, ¿no es un verdadero regalo?

(Artículo publicado en el nº 1 de la revista “CRIAR“)

PARIRÁS CON DOLOR: ALTERNATIVAS A LA RUTINA HOSPITALARIA

PARIRÁS CON DOLOR:




ALTERNATIVAS A LA RUTINA HOSPITALARIA


Por Nuria Otero Tomera

En nuestro país es difícil parir sin intervenciones médicas rutinarias. Desde el momento en que entramos en el hospital, hasta que salimos con nuestro bebé en brazos, se producen toda una serie de actuaciones que, cuando se realizan sobre una mujer sana, con un proceso de parto normal, se convierten no sólo en innecesarias sino también en peligrosas o dañinas.


Monitorización continua en posición tumbada, rasurado y enema, vía intravenosa con oxitocina sintética, rotura artificial de membranas, postura en litotomía para el expulsivo, episiotomía, corte prematuro del cordón umbilical, separación de la madre y el bebé nada más nacer, estancia de los bebés en el nido, administración de biberones


de leche y suero glucosado a los recién nacidos… son rutinas desaconsejadas por la Organización Mundial de la Salud, discutidas por la propia Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia y, sin embargo, moneda de cambio en nuestros hospitales y clínicas de maternidad.


Las madres suelen preguntar: ¿qué alternativa me queda? La verdad es que aunque en España existe la Ley de Autonomía del Paciente, que nos da derecho a aceptar o rechazar un tratamiento tras obtener una información suficiente y comprensible, es difícil acogerse a ella en un momento tan frágil como es el parto. Discutir con el ginecólogo o la matrona sobre si nos ha dado o no la información, sobre si queremos someternos a tal o cual práctica en medio del parto no sólo es improbable, por la situación en la que nos encontramos, sino además, completamente contraproducente para la evolución de nuestro parto. Por eso, lo mejor que podemos hacer es consensuar con nuestro ginecólogo o con el Jefe de Servicio del hospital en el que daremos a luz un PLAN DE PARTO.


¿Qué es el Plan de Parto? Es un documento en el que podemos exponer todos nuestros deseos y no deseos con relación al parto, el posparto y la atención pediátrica en la clínica o el hospital. Este documento deberemos presentarlo antes del día del parto, no porque tenga mayor validez (nuestra palabra o nuestra letra debería tener peso en cualquier momento y en cualquier lugar), sino para saber con antelación a qué nos atenemos con la persona o el lugar en el que pensamos traer al mundo a nuestro bebé.


Puedes consultar modelos de planes de parto en la web de la asociación EL PARTO ES NUESTRO (http://www.elpartoesnuestro.es/).

La primera hora tras el parto


LA PRIMERA HORA TRAS EL PARTO



Por Nuria Otero Tomera


Habitualmente, en nuestros hospitales, los bebés son separados de sus madres nada más nacer para realizar una serie de pruebas, exámenes y acondicionamientos rutinarios. Pesarlos, medirlos, lavarlos y perfumarlos parece ser más importante que ese primer contacto entre madre e hijo.


Sin embargo, diferentes autores e instituciones defienden el establecimiento de rutinas muy diferentes. La misma OMS plantea la necesidad de no perturbar ese contacto inicial durante las dos primeras horas tras el parto.


Michel Odent nos habla de la importancia de esa primera hora de vida desde un punto de vista hormonal. El autor, basándose en diferentes estudios, relaciona el éxito y la duración de la lactancia con el “cóctel de hormonas del amor” que se segrega justo al final del parto si se deja a madre e hijo relacionarse a su ritmo sin interrupciones ni intervenciones de ningún tipo. A su vez, esas hormonas favorecerán no sólo la subida inicial del calostro y más tarde de la leche materna, sino también el alumbramiento natural de la placenta y ayudarán a contraer y recuperar el útero.


Otros autores, como Bowlby o Chamberlain reflejan la importancia de esos primeros momentos cuando hablan del establecimiento del vínculo afectivo, que favorece la intimidad y el contacto físico y a la vez se ve favorecido por ellos.


Así, defendemos la importancia de esa primera hora de vida desde un punto de vista tanto físico como emocional. Dejar tranquilos a la madre y al bebé tras el parto, sin perturbarles con luces, ruidos, conversaciones, separaciones o intervenciones médicas de rutina hará que tanto uno como otro se beneficien e inicien una maravillosa historia de amor.

"El Parto con En-Canto"

"El Parto con En-Canto"



El parto puede ser una maravillosa experiencia si se vive en libertad y profundidad, tal como lo ha realizado esta madre que además ha grabado su parto, en un vídeo que podríamos denominar obra de arte, realmente es una autentica belleza.
En palabras de Ángeles Hinojosa, persona vinculada desde hace años a la difusión de los beneficios del parto consciente y natural, dice sobre este video: “Podemos difundir lo fácil y hermoso que es parir y lo acogedor que puede ser nacer. Hay que empezar a desmitificar el miedo al parto y darle al nacimiento el respeto y el acogimiento que se merece”.
Nada mejor que el ejemplo que podemos ver en el siguiente video:Video Nacer "En-Cantada"

La traducción del video de “nacer encantada”.
La traducción de lo que se escucha en el video es la siguiente:

TEXTO


Al final del embarazo, el vientre nutricio ha terminado su trabajo. El niño puede abandonar el nido
Entonces llega la contracción cada vez más intensa.
Es el crescendo de su extraordinaria potencia que permite al cuerpo, al niño y a la madre completar ese recorrido y acompañar a la abertura del cuello.
Si nos damos cuenta de que la contracción nos guía por el camino de la vida entonces se convierte en una amiga íntima, sagrada, divina.
A partir del cuarto mes, una preparación específica a partir de la vibración sonora ayuda a atravesar naturalmente el dolor durante el parto.


Este parto no es un modelo a seguir, sino un camino posible.

Voces en off: ( se repite el mismo texto en diferentes idiomas)

FRANCES: Hijo mío, maravilla mía, no tengas miedo, sígueme, déjate llevar en el sentido de la ola.


ARABE: ----


ESPAÑOL: Si, cuerpo mío, amigo fiel, infunde en mí los sonidos que te hacen vibrar y abrirte.


INGLES: Sé fuerte, mente mía, espíritu mío, protégeme de la duda y el temor.


ESPAÑOL: Espíritu mío, espíritu mío, sé fuerte, protégeme de las dudas y el temor.


FRANCES: Sí, sí, cuerpo mío amigo fiel, infunde en mí los sonidos que te hacen vibrar y abrirte .


INGLES: Sí, sí, cuerpo mío amigo fiel, infunde en mí los sonidos que te hacen vibrar y abrirte .


ESPAÑOL: Sí, sí, cuerpo mío amigo fiel, infunde en mí los sonidos que te hacen vibrar y abrirte .


INGLES: Hijo mío, maravilla mía, no tengas miedo, sígueme, ve en el sentido de la ola.


ESPAÑOL: Hijo mío, tesoro mío, no tengas miedo, sígueme, déjate guiar por el sentido de la ola.


FRANCES: Espíritu mío, espíritu mío, sé fuerte, protégeme de las dudas y el temor.


INGLES: Espíritu mío, espíritu mío, sé fuerte, protégeme de las dudas y el temor.


Rotura de aguas

Sígueme, Sigue la ola.

La madre al niño: Gracias, que bonito eres. Ven con mamá, cariño mío.

Declaración sobre el llanto de los bebés


DECLARACIÓN SOBRE EL LLANTO DE LOS BEBÉS




Texto reproducido del CD de Rosa Zaragoza

Hombres y mujeres, científicas y profesionales que trabajamos en distintos campos de la vida y del conocimiento, madres y padres preocupados por el mundo en el que nuestros hijos e hijas van a crecer, hemos creído necesario hacer la siguiente declaración:
Es cierto que es frecuente que los bebés de nuestra sociedad Occidental lloren, pero no es cierto que sea normal. Los bebés lloran siempre por algo que les produce malestar: sueño, miedo, hambre o, lo más frecuente y que suele ser causa de los anteriores, la falta del contacto físico con su madre u otras personas del entorno afectivo.
EL llanto es el único mecanismo que los bebés tienen para hacernos llegar su sensación de malestar, sea cual sea la razón del mismo; en sus expectativas, en su continuum filogenético no está previsto que ese llanto no sea atendido, pues no tienen otro medio de avisar sobre el malestar que sienten ni pueden por sí mismos tomar las medidas para solventarlo.
El cuerpo del bebé recién nacido está diseñado para tener en el regazo materno todo cuanto necesita, para sobrevivir y para sentirse bien: alimento, calor, apego. Por esta razón, no tiene noción de la espera, ya que estando en el lugar que le corresponde, tiene a su alcance todo cuanto necesita. El bebé criado en el cuerpo a cuerpo con la madre desconoce la sensación de necesidad, de hambre, de frío, de soledad, y no llora nunca. Como dice la norteamericana Jean Liedloff, en su obra "El Concepto del Continuum", el lugar del bebé no es la cuna ni la sillita ni el cochecito, sino el regazo humano. Esto es cierto durante el primer año de vida y los dos primeros meses de forma casi exclusiva (de ahí la antigua famosa cuarentena de las recién paridas). Más tarde, los regazos de otros cuerpos del entorno pueden ser sustitutivos durante algún rato. El propio desarrollo del bebé indica el fin del periodo simbiótico: cuando se termina la osificación y el bebé empieza a andar. Entonces, empieza poco a poco a hacerse autónomo y a deshacerse el estado simbiótico.
La verdad es obvia, sencilla y evidente.
El bebé lactante toma la leche idónea para su sistema digestivo y además puede regular su composición con la duración de las tetadas, con lo cual el bebé criado en el regazo de la madre no suele tener problemas digestivos.
Cuando la criatura llora y no se le atiende, llora con más y más desesperación porque está sufriendo. Hay psicólogos que aseguran que cuando se deja sin atender el llanto de un bebé más de tres minutos, algo profundo se quiebra en la integridad de la criatura, así como la confianza en su entorno.


Los padres, que hemos sido educado en la creencia de que es normal que los niños lloren y de que hay que dejarles llorar para que se acostumbren y que, por ello, estamos especialmente insensibilizados para que su llanto no nos afecte, a veces no somos capaces de tolerarlo. Como es natural si estamos un poco cerca de ellos, sentimos su sufrimiento y lo sentimos como un sufrimiento propio. Se nos revuelven las entrañas y no podemos consentir su dolor. No estamos del todo deshumanizados. Por eso, los métodos conductistas proponen ir poco a poco, para cada día aguantar un poquito más ese sufrimiento mutuo. Esto tiene un nombre común, que es la administración de la tortura, pues es una verdadera tortura la que infligimos a los bebés, y a nosotros mismos, por mucho que se disfrace de norma pedagógica o pediátrica.

Varios científicos estadounidenses y canadiense (biólogos, neurólogos, psiquiatras, etc.), en la década de los noventa, realizaron diferentes investigaciones de gran importancia en relación a la etapa primal de la vida humana. Demostraron que el roce piel con piel, cuerpo a cuerpo, del bebé con su madre y demás allegados produce unos moduladores químicos necesarios para la formación de las neuronas y del sistema inmunológico. En definitiva, que la carencia de afecto corporal trastorna el desarrollo normal de las criaturas humanas. Por eso los bebés, cuando se les deja dormir solos en sus cunas, lloran reclamando lo que su naturaleza sabe que les pertenece.
En Occidente se ha creado en los últimos 50 años una cultura y unos hábitos, impulsados por las multinacionales del sector, que elimina este cuerpo a cuerpo de la madre con la criatura y deshumaniza la crianza. Al sustituir la piel por el plástico y la leche humana por la leche artificial, se separa más y más a la criatura de su madre. Incluso se han fabricado intercomunicadores para escuchar al bebé desde habitaciones alejadas de la suya. El desarrollo industrial y tecnológico no se ha puesto al servicio de las pequeñas criaturas humanas, llegando la robotización de las funciones maternas a extremos insospechados.
Simultáneamente a esta cultura de la crianza de los bebés, la maternidad de las mujeres se medicaliza cada vez más; lo que tendría que ser una etapa gozosa de nuestra vida sexual, se convierte en una penosa enfermedad. Entregadas a los protocolos médicos, las mujeres adormecemos la sensibilidad y el contacto con nuestros cuerpos, y nos perdemos una parte de nuestra sexualidad: el placer de la gestación, del parto y de la exterogestación, lactancia incluida. Paralelamente las mujeres hemos accedido a un mundo laboral y profesional masculino, hecho por los hombres y para los hombres, y que por tanto excluye la maternidad; por eso la maternidad en la sociedad industrializada ha quedado encerrada en el ámbito privado y doméstico. Sin embargo, durante milenios la mujer ha realizado sus tareas y sus actividades con sus criaturas colgadas de sus cuerpos, como todavía sucede en las sociedades no occidentalizadas. La imagen de la mujer con su criatura tiene que volver a los escenarios públicos, laborales y profesionales, so pena de destruir el futuro del desarrollo humano.
A corto plazo parece que el modelo de crianza robotizado no es dañino, que no pasa nada, que las criaturas sobreviven; pero científicos como Michel Odent (1999 y www.primal-health.org), apoyándose en diversos estudios epidemiológicos, han demostrado una relación directa entre diferentes aspectos de esta robotización y las enfermedades que sobrevienen en la edad adulta. Por otro lado, la violencia creciente en todos los ámbitos tanto públicos como privados, como han demostrado los estudios de la psicóloga suizo-alemana Alice Miller (1980) y del neurofisiólogo estadounidense James W. Prescott (1975), por citar sólo dos nombres, también procede del maltrato y de la falta de placer corporal en la primera etapa de la vida humana. También hay estudios que demuestran la correlación entre la adicción a las drogas y los trastornos mentales, con agresiones y abandonos sufridos en la etapa primal. Por eso, los bebés lloran cuando les falta lo que se les quita; ellos saben lo que necesitan, lo que les correspondería en ese momento de sus vidas.

Deberíamos sentir un profundo respeto y reconocimiento hacia el llanto de los bebés, y pensar humildemente que no lloran porque sí, o mucho menos, porque son malos. Ellas y ellos nos enseñan lo que estamos haciendo mal.
Tmbién deberíamos reconocer lo que sentimos en nuestras entrañas cuando un bebé llora; porque pueden confundir la mente, pero es más difícil confundir la percepción visceral. El sitio del bebé es nuestro regazo; en esta cuestión, el bebé y nuestras entrañas están de acuerdo, y ambos tienen sus razones.

No es cierto que el colecho (la práctica de que los bebés duerman con sus padres) sea un factor de riesgo para el fenómeno conocido como muerte súbita. Según The Foundation for the Study of Infant Deaths, la mayoría de los fallecimientos por muerte súbita se producen en la cuna. Estadísticamente, por lo tanto, es más seguro para el bebé dormir en la cama con sus padres que dormir solo (Angel Alvarez http://www.primal.es/).
Por todo lo que hemos expuesto, queremos expresar nuestra gran preocupación ante la difusión del método propuesto por el neurólogo E. Estivill en su libro "Duérmete Niño" (basado a su vez en el método Ferber divulgado en Estados Unidos), para fomentar y ejercitar la tolerancia de los padres al llanto de sus bebés. Se trata de un conductismo especialmente radical y nocivo teniendo en cuenta que el bebé está aún en una etapa de formación. No es un método para tratar los trastornos del sueño, como a veces se presenta, sino para someter la vida humana en su más temprana edad. Las gravísimas consecuencias de este método, han empezado ya a ponerse de manifiesto.

Necesitamos una cultura y una ciencia para una crianza acorde con nuestra naturaleza humana, porque no somos robots, sino seres humanos que sentimos y nos estremecemos cuando nos falta el cuerpo a cuerpo con nuestros mayores. Para contribuir a ello, para que tu hijo o tu hija deje de sufrir YA, y si te sientes mal cuando escuchas llorar a tu bebé, hazte caso; cógele en brazos para sentirle y sentir lo que está pidiendo. Posiblemente sólo sea eso lo que quiere y necesita, el contacto con tu cuerpo. No se lo niegues.
Cuando un recién nacido aprende en una sala de nido que es inútil gritar... está sufriendo su primera experiencia de sumisión. (Michel Odent)

10/19/2008

La comunicación con nuestros hijos



Fomentar el dialogo y la comunicación ha de convertirse en una prioridad básica durante el proceso educativo de nuestros hijos. Establecer canales de dialogo sincero y respetuoso nos permitirá participar de forma activa en las diferentes etapas de su desarrollo.

Debemos alejar de nuestras vidas, y sobre todo de la relación con nuestros hijos, los miedos o las vergüenzas a expresar sentimientos de forma libre y natural.

Para potenciar este diálogo entre los miembros de la familia os propongo un sencillo juego. En una pizarra situada en lugar visible de nuestra cocina marcaremos los nombres de cada miembro de la familia, asignando a cada uno dos columnas para cada día de la semana. En una de dichas columnas aparecerá la expresión LO MEJOR y en la otra LO PEOR.

La cena por lo general es el mejor momento del día para desarrollar esta actividad, olvidemos la televisión, la música y las distracciones tratando de crear un ambiente relajado y acogedor, en el cual podamos compartir con nuestros hijos los sucesos de la jornada.

El juego consiste en relatar a nuestra familia lo mejor y lo peor que nos ha sucedido durante el día. Lo haremos por turnos, anotando en la pizarra un pequeño resumen que puede ser una palabra o un dibujo, depende de la edad de los pequeños, que represente esa situación.

Es fundamental que los padres participen en el juego, en un principio, mientras nuestros hijos lo interiorizan como una parte más de la rutina de la cena, es aconsejable que sean los adultos los que den comienzo al mismo, se trata de un momento divertido, y nuestra voz y nuestros gestos así se lo deben hacer ver. Que nuestros hijos participen dependerá en una gran medida de la ilusión que seamos capaces de transmitirles al desarrollar la actividad.

Si logramos que su mente relacione el diálogo con la resolución de conflictos, habremos regalado a nuestros hijos una pieza fundamental para su felicidad presente y futura.

Por Alicia G. García.

El masaje durante el embarazo

El masaje durante el embarazo


En general asociamos masaje a relajación, y así sucede también en el embarazo. Pero lo que poca gente sabe es que unos buenos masajes proporcionados por un profesional pueden contribuir a que tengamos un bebé más sano.



A continuación os explicamos el por qué.
El masaje durante el embarazo es recomendado, en líneas
generales, ya que permite el alivio y la relajación de la mujer,
que tan afectados se encuentran durante este bella pero dura etapa. Se ha demostrado que se establece un fuerte y estrecho canal de comunicación entre la madre y el bebé.



Así lo ha demostrado el Dr. Tiffany Field en la universidad de Miami, en su “Touch Research Institute” El investigador afirma que el masaje realmente reduce la tensión corporal de origen hormonal. El contacto físico es vital para el bienestar físico y emocional de la futura madre.

Los beneficios tanto en la madre como en su hijo son varios, mencionamos algunos de ellos a continuación:

Relajante. El masaje quitará presión de la espalda y cuello, que son los que soportan casi todo el peso físico del embarazo.

Sistema cardiovascular. Otra de las maravillas del masaje es su efecto sobre nuestro sistema circulatorio ya que contribuye a estimular la presión sanguínea. Recordemos que el sistema circulatorio está íntimamente ligado al feto, ya que por ahí (cordón umbilical) es donde recibe todos sus nutrientes.


Diurético. Se estimulan los ganglios linfáticos al activarse la linfa, y se contribuye a activar el sistema circulatorio con lo que aumenta la filtración a través de los riñones, lo que aumenta la producción de orina y la depuración de las toxinas.

Sistema endocrino, al masajear diferentes partes del cuerpo se involucran también algunas glándulas, esto en general tiene un efecto benéfico sobre nuestras hormonas.

Belleza, todo masaje contribuye a la lozanía y elasticidad de la piel, lo que se verá reflejado en una piel más sana y más bella.

Relajante. Ayuda a aminorar la presión en cuello, espalda y articulaciones. Los problemas musculares que se manifiestan en forma de calambres debido al sobre peso, la tensión muscular y rigidez encuentran alivio con el masaje.

Antidepresivo. Al estimular al sistema endocrino se estimula la liberación de endorfinas que ayudan a contrarrestar la depresión, tan común en esta etapa de las mujeres.